En el momento de su ingreso al Salón de la Fama del softbol, Jesús Echarte fue el tercer cubano en conseguirlo. Foto: Ortelio González Martínez

 

Tres deportistas y un activista fueron merecedores del agasajo

Jesús Echarte Leyva (softbol), Jorge Alemán Carbonell (judo), Lázaro Santana Herrera (beisbol) y el activista Joaquín Pulgarón se convirtieron en los primeros avileños en recibir la categoría de Leyendas del Deporte, distinción otorgada por la Dirección Provincial del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder), tras la reciente aprobación de la Ley del Sistema Deportivo Cubano.

Yunier Valdivia Rodríguez, director del Inder en la provincia, explicó que la decisión –tomada luego de una minuciosa revisión que evaluó la conducta social, el vínculo con el deporte y otros requisitos esenciales– reconoce el legado de esas cuatro figuras que marcaron época en sus respectivas disciplinas y que, con su entrega y resultados, elevaron el nombre de Ciego de Ávila en escenarios nacionales e internacionales.

Jesús Echarte Leyva es uno de los pocos cubanos que han cruzado las puertas del Salón de la Fama de la Federación Internacional de Softbol. El avileño defendió los colores de la selección nacional durante más de dos décadas y convirtió cada turno al bate y cada jugada en la inicial en una lección de excelencia.

Pertenece a esa estirpe que forjó la edad dorada del softbol cubano. Su trayectoria, cerrada en 2005, es un recorrido por los podios más exigentes del continente y el mundo: tres títulos centroamericanos y una plata, cuatro preseas de bronce en Juegos Panamericanos, un cuarto lugar en Copa del Mundo y un bronce en Campeonatos Mundiales.

En nueve de esas contiendas integró el equipo Todos Estrellas como mejor inicialista, y en múltiples ocasiones superó el .350 de promedio ofensivo, cifras que confirman que su ingreso al Salón de la Fama no fue un gesto de generosidad, sino el reconocimiento justo a una carrera escrita con mayúsculas.

Jorge Alemán Carbonell es uno de los pioneros del judo en la provincia. En 1968 fue seleccionado como el novato del año en Cuba y desde entonces no dejó de archivar triunfos. Su consagración llegó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá-1970, cuando se colgó la presea de oro.

Como entrenador, Alemán extendió su saber más allá de las fronteras: prestó ayuda técnica en la Escuela Superior de Deporte de Argelia, en Túnez y en Perú.

Su hoja de servicios está sembrada de distinciones que hablan de una vida dedicada al deporte y la enseñanza: la Mártires de Barbados, la 28 de Septiembre, la de Entrenador Destacado otorgada por el Comandante en Jefe tras los Panamericanos de Indianápolis-1987, la de Trabajador Internacionalista y Rafael María de Mendive, entre otras.

Si hay un apodo que define a Lázaro Santana Herrera, es ese: el «Brazo de Hierro» del beisbol revolucionario cubano. Participó en más de 400 juegos y fue dos veces campeón mundial, una cifra que, por sí sola, lo coloca entre los grandes. Su despedida como atleta activo ocurrió el 14 de noviembre de 1981.

Más allá de las estadísticas, dejó hazañas imborrables. Retiró a 27 bateadores de Henequeneros consecutivos en el Cándido González de Camagüey. Y en 1972 aumentó la cifra a 29, al relevar a Florentino Alfonso en la primera entrada frente a Vegueros en el Capitán San Luis. Fue pieza clave en los títulos de Ganaderos en 1976 y Camagüeyanos en 1977, abriendo o relevando con la misma efectividad.

Internacionalmente, se mantuvo invicto con 16 triunfos y actuaciones sobresalientes como en el Campeonato Mundial de República Dominicana (1969), los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Medellín (1978), el mundial de ese mismo año y los Panamericanos de San Juan (1979). Por todos estos logros, fue seleccionado entre los cien atletas del siglo xx en Cuba.

El cuarto nombre de esta nómina de leyendas es el de Joaquín Pulgarón, cuya vida ha sido un ejercicio constante de amor al deporte. Notable activista por muchos años, su entrega silenciosa y su labor ininterrumpida lo han hecho merecedor de la Orden Pierre de Coubertin, el más alto reconocimiento del movimiento olímpico.

Pulgarón representa a esos héroes anónimos que, sin subir a un podio ni lanzar una bola, construyen el andamiaje sobre el que se sostiene el deporte de base. Su consagración como leyenda es un justo tributo a una vida de servicio.

Con estas cuatro glorias, Ciego de Ávila inicia un camino de reconocimiento a quienes dieron alegrías a la provincia y al país. Echarte, Alemán, Santana y Pulgarón no son solo leyendas del deporte: son espejos en los que las nuevas generaciones deben mirarse. Porque el deporte, como la vida, se construye con entrega, sacrificio y amor. Y ellos, cada uno desde su trinchera, demostraron que la grandeza no es cuestión de azar, sino de voluntad.