
Foto Panchito González, Prensa Latina.
Los susurros de quienes ofrecerán un buen espectáculo y de quienes esperan que todo comience, dominaron la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba. En un silencio consensuado entre artistas y asistentes, comenzó la Gala Cuba Vive.
El auditorio respiraba un clima expectante cuando el musicólogo Oni Acosta se colocó en el lateral izquierdo del escenario. Su voz se proyectó en los altavoces.
“Esta gala, ideada por Ignacio Nachito Herrera, es una costumbre para la música cubana desde hace ya varios años. Casi siempre inicia o culmina con una frase martiana. Hemos querido que la frase que nos ilumine esta vez sea: Hacer, es la mejor manera de decir”.
Se retiró entonces, y con una coordinación resultado de los ensayos, comenzaron a escucharse los primeros acordes de la Orquesta Sinfónica Nacional. La batuta la sostuvo el director titular Igor Corcuera; fue su primera vez presentándose junto a Nachito Herrera y desbordó pasión y energía durante casi tres horas de función.
Este ha sido un regalo para nuestro público, comentó después Corcuera a Prensa Latina; fue una prueba de que, a pesar de la adversidad, siempre se puede hacer buena música, añadió.
Obertura habanera, del músico estadounidense George Gershwin, inauguró el repertorio, y no podía ser de otra manera, pues el propio Nachito lo describió como uno de los compositores y pianistas más completos en la historia de la música.
Cuando estudias su obra, te das cuenta de que no puedes separarlo del jazz, pero tampoco de lo que en mis tiempos de estudiante llamábamos la música culta; es una persona que podía hacer ese desdoble tan grande que uno no notaba prácticamente cuando iba de uno a otro, argumentó a Prensa Latina sobre su decisión.
El Covarrubias fue testigo del estreno en Cuba de otra pieza de Gershwin, la Second Rhapsody, que junto a Summertime y I got Rhythm, completaron el tributo al compositor.
Lo que siguió después fue una verdadera fiesta y un homenaje a grandes representantes de la música latinoamericana.
Nachito Herrera tomó los mandos en el piano, que siempre tiene colgada de cara al público una pequeña bandera cubana. Aquí nací y me crie, en mi Cuba, comentó luego del espectáculo a esta agencia.
Si quedaba alguna duda de que él no simplemente toca, sino que goza la música, se despejó a los pocos minutos de hacer acto de presencia en el escenario.
Sus dedos se deslizaron con maestría sobre las teclas, casi flotando, mientras su cuerpo se mecía al ritmo de los instrumentos y los intérpretes. Disfrutaba su papel en aquella orquestación, y transmitía esa alegría por todo el espacio.
Nachito está loco, bromeó luego el director del Quinteto de Saxofones Cuban Sax, Germán Velazco, durante una breve entrevista con Prensa Latina.
Es un hombre de retos y yo respeto los retos, ¿qué pasa con ellos?, que te propones algo y lo logras. Este concierto ha sido grandioso, y se tocó una obra que nunca se había interpretado en Cuba, la Segunda Rapsodia de Gershwin, añadió Velazco con un deje de admiración.
A dicho estreno le siguieron otras piezas, no menos grandiosas que las composiciones de George Gershwin, y siempre con un invitado en escena, porque en esta cita anual que se enmarca en el Festival Internacional Jazz Plaza, nunca faltan los amigos que acompañen al pianista estrella.
El programa contó con las interpretaciones de Esta tarde vi llover, de Armando Manzanero; Lala amor, de Frank Fernández; Sábanas blancas, de Gerardo Alfonso, el espiritual Swing Low, Sweet Chariot; Siboney, de Ernesto Lecuona; Suit Tropisax, de César López y Bembé en mi casa, de Aurora González y el propio Herrera, para honrar al percusionista Tata Güines.
Además del Quinteto Cuban Sax y la Sinfónica, enriquecieron la instrumentalidad del espectáculo el Coro Nacional de Cuba, a cargo de la maestra Digna Guerra y la Jazz Band del Conservatorio Amadeo Roldán, bajo la dirección de Jorge Sergio Ramírez.
Uno a uno se presentaron los invitados de Nachito, ejemplos vivos de la calidad artística de la gala y del anhelo constante de su organizador por deleitar al público con solo lo mejor de la música cubana: Bobby Carcassés, Niurka Reyes, César López, Samuel Formell, Miguel Patterson y Óscar Fuentes.
Especial resultó el homenaje a la Musicalísima, Beatriz Márquez, quien asistió en primera fila al concierto y para quien la joven egresada de la Escuela Nacional de Música, María Claudia Soca (Soka), interpretó Amar y Vivir, una pieza de Rembert Egües y que Márquez conoce muy bien, pues ella misma la cantó hace ya varios años.
Me voy muy feliz hoy; como intérprete me sentí muy halagada de que alguien tan joven haya defendido una obra que yo defendí en el concurso Adolfo Guzmán, y lo hizo con mucha valentía, porque realmente ese es el valor que tiene la canción, reconoció a esta agencia la Musicalísima. La participación de los jóvenes en el concierto no es fruto del azar. Nachito Herrera confirmó lo anunciado en previa conferencia sobre la edición 41 del Festival Jazz Plaza. Está dedicada a la enseñanza artística, en reconocer el talento de los estudiantes y darles la oportunidad de compartir con las grandes figuras de la música nacional.
Para mí es un compromiso moral, que me he trazado sin que nadie me fuerce, de continuar dándole oportunidad a la nueva generación que de por sí tiene un gran talento, y nos va a permitir sentirnos satisfechos y felices con la vida, compartió a Prensa Latina.
Por ello, el espectáculo del 25 de enero, que inauguró uno de los eventos más importantes de la cultura cubana, concluyó con la presentación del estudiante de canto lírico de la Escuela Nacional de Música, Bryan Suárez.
A sus 18 años, Suárez participó por cuarta vez en el festival, y lo hizo interpretando los temas musicales Sábanas blancas, de Gerardo Alfonso, y Canción con Todos, de Armando Tejada y César Isella, acompañado por el Coro Nacional de Cuba y la Jazz Band del Conservatorio Amadeo Roldán.
Nosotros no estamos ajenos a las vicisitudes que estamos viviendo y hacer un espectáculo como este de casi tres horas requiere de mucho esfuerzo y dedicación; fue el primer gran concierto en el 41 Festival Jazz Plaza, eso representó un gran compromiso para nosotros, y estamos satisfechos con el resultado, reconoció Nachito Herrera.
Al hablar sobre la visión latinoamericana del espectáculo, el pianista citó al Héroe Nacional de Cuba, José Martí, quien afirmó que América es una sola.
¿Por qué no interpretar la música latina? Creo que tiene un valor grandísimo, como la tiene nuestra música cubana, reflexionó entonces Herrera, quien confirmó que le gusta tocar diversos géneros del abanico de esta manifestación artística.
“Cuando me preguntan con qué clasificación catalogarme, clásico, jazzista, respondo: Yo soy pianista, y toco música”.